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Collateral

Max, un taxista corriente, recoge a un asesino a sueldo (Vincent) que le obliga a acompañarle en su sangriento itinerario por las calles de Los Ángeles. Debe realizar cinco paradas para que Vincent asesine a cinco personas. Todas están relacionadas con un juicio contra un pez gordo de la mafia hispana. Esta, es la excusa perfecta para un thriller de los que vemos los días impares del mes, pero Michael Mann y su impronta existencialista quieren convencernos de que la acción puede tener sesera.

Al principio, el guión se toma unos minutos para conocer a Max, algo que el ritmo posterior no permitiría. Es un buen profesional, calcula con asombrosa precisión los tiempos de desplazamiento y las rutas más óptimas de las carreras. Incapaz de enfrentarse a la realidad, sueña con una vida mejor por la que no lucha, inoperante quizás por el miedo al fracaso y la parcial seguridad de su rutina.

Como recurso efectista y efectivo, Vincent se nos revela después, destapando su condición de mercenario cuando cae sobre el taxi el cadáver de un hombre al que acaba de disparar. Descubrimos a partir de entonces que tienen en común más de lo que podría parecer: Vincent es también un experto en lo que hace, maneja la pistola como un cirujano su bisturí, y al igual que Max, está solo. En un instante de la película un par de coyotes cruzan la carretera y ambos se quedan contemplando un reflejo su propia naturaleza. Por último, ninguno hace frente a la verdad. Vincent se engaña con discursos panfletarios acerca del mal en el mundo para justificar sus acciones, mintiéndose de la misma manera que Max cuando aplaza indefinidamente la creación de su empresa de limusinas. Finalmente, este aprenderá la lección a las duras y a las maduras gracias indirectamente a Vincent, que muere manteniendo su nihilismo.

El planteamiento es interesante, el resultado final, no tanto. Desmejorando la introspección de los personajes están unas escenas no sólo inverosímiles, que se puede perdonar, sino también inoportunas y raras. ¿Por qué, por ejemplo, se da un tratamiento de suspense al momento en el que el inspector de policía entra en la casa de la primera víctima, cuando sabemos de sobra que el inquilino es un fiambre y allí no queda nadie? La escena de la discoteca es igualmente desconcertante, una mezcla inconexa de policías incompetentes, matones despistados y un Vincent infalible que es el único que se entera de qué va la fiesta. De la misma manera confunde el momento en el que Max tira el maletín de Vincent por los aires, porque este reacciona de la forma que menos esperamos que lo haga.

En lo que al reparto se refiere, Tom Cruise (Vincent) cumple, pero le gana la partida el atormentado Jaime Foxx, cuya creíble interpretación convierte a Max en el personaje más cercano de la película. Mann utiliza la cámara digital en vez de los 35mm habituales por motivos que no logro averiguar con claridad. Intuyo que se trata, bien de una intención de explorar nuevas tecnologías, bien de dotar a las luces y reflejos de las calles de Los Ángeles de un matiz realista, o tal vez poco de las dos cosas. Prefiero el método tradicional.

Collateral me deja a medias, un poco indiferente. No me atrapa por completo el drama de Max ni la experiencia adquirida que le cambia su punto de vista. Acabo desorientado por culpa de secuencias como las mencionadas o el intercambio final de disparos entre los protagonistas.

DirectordeSine (09/01/07)

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